FAZ, Zona Financiera Autónoma

Propuesta para una sociedad post-escasez

de Domenico De Simone y Marco Giustini
Traducción de Piluca Martínez (Pílikum)

La FAZ, ZONA FINANCIERA AUTÓNOMA, es un sistema económico alternativo basado en la abundancia, en vez de en la escasez. Su objetivo es crear comunidades entre personas que compartan valores, relaciones económicas y sociales y actividades productivas, proporcionándoles una herramienta legal de intercambio, a saber, una moneda complementaria.

La FAZ es una propuesta concreta para un cambio económico estructural, a través de un modelo socioproductivo de agregación, innovador y sostenible, basado en la participación, que facilita la creación de riqueza y su redistribución social, proporcionando apoyo, protección y desarrollo a la economía local; protección a los sectores más débiles de la población local; y un aumento de fondos para los servicios de utilidad pública, sin necesidad de incrementar la deuda.

Básicamente, adhiriéndose a la FAZ, las empresas, asociaciones, instituciones y particulares tendrán la oportunidad de gestionar sus propias relaciones económicas y sociales, usando las herramientas singulares que ésta les proporciona: una moneda para usar dentro del círculo, préstamos sin intereses y un ingreso básico distribuido periódicamente a todos sus participantes, de forma igualitaria, en función de la riqueza producida en la FAZ.

¿Qué es la FAZ?

Economía post-escasez. Para facilitar el cambio en nuestra sociedad hay que cambiar la economía, basándola en la abundancia, en vez de en la escasez. Según Richard Stallman (Manifiesto GNU, 1985) y Cory Doctorow (Tocando fondo en el reino mágico, 2003), una “economía post-escasez” es un sistema para la gestión y distribución de unos recursos que siempre son suficientes para satisfacer las necesidades percibidas por los individuos, donde la economía, en lugar de ser tal y como la conocemos (“economía de la escasez”), es un sistema en el que se da una distribución eficiente de unos recursos que son escasos por definición o que siempre se encuentran por debajo de las necesidades percibidas por las personas.

Abundancia de recursos. Según Frank Tipler (Física de la inmortalidad, 1988), los recursos son ilimitados –es decir, abundantes; pero, por supuesto, no infinitos–, en su aspecto físico, en el sentido de que siempre son suficientes para cada ser vivo durante el tiempo que dura su vida. Un ejemplo concreto de abundancia ilimitada and yet finished es la energía solar: la humanidad recibe del Sol 3.850.000 exajulios de energía cada año, mientras el consumo energético total es inferior a 440 exajulios (Wikipedia). El hecho de que esta abundancia todavía no esté disponible muestra que el problema de los recursos es un asunto a considerar, no como algo objetivo, sino en perspectiva, que necesita situarse en el nivel cultural y no en un nivel de mero cómputo de los mismos dada una cierta capacidad de utilización. Esto, de hecho, depende del conocimiento científico, que tiene una capacidad de crecimiento, al menos, igual al crecimiento de la expansión de la vida en el Universo.

La demostración que aporta Frank Tipler se basa en consideraciones de Friedrich Von Hayek (Selected writings, 1972), según las cuales, el capital de una compañía viene dado por los flujos de ingresos generados por la propia compañía. El capital social no es una suma de bienes que tienen su propio valor intrínseco, y es la forma en la que se utilizan los recursos existentes lo que determina cómo se generan los flujos de ingresos. Las oportunidades de ingresos generadas por el modo en el que se usan los activos totales de la compañía es una función de flujos de información que puede gestionar la propia compañía. Así, es posible definir los recursos en términos de oportunidades y, por lo tanto, de flujos de información, gestionables por un organismo.

Tipler llega a la conclusión de que los recursos del Universo siempre son suficientes, dado que está demostrado que la cantidad de información que puede gestionarse durante el tiempo de vida de un organismo es necesariamente menor que la información total disponible, sea cual sea la velocidad de gestión de dicha información. Dicho organismo podría ser: una forma de vida elemental, una sociedad, una galaxia o el Universo entero; y eso no cambia la naturaleza del fenómeno.

La riqueza como información Si los recursos no son infinitos, pero sí abundantes, y su uso se vincula al conocimiento, debe redefinirse el concepto de riqueza. La riqueza de una comunidad viene dada por su capacidad de organizar flujos de información que generen oportunidades de ingresos, y su capacidad de organización depende de la creatividad y del nivel cultural de dicha comunidad. Si la riqueza no es material, se infiere que ya no es necesario acumularla; y esto cambia la idea de “dinero”, allanando el camino para el nacimiento de un no-dinero, que es un flujo antes que un estado. De esta forma –como en el caso del regalo–, es posible concebir un dinero que pueda gastarse sin causar ningún empobrecimiento.

La primera y más revolucionaria consecuencia de este supuesto es que no hay ninguna necesidad de acumulación material de capital. El capital requerido para el desarrollo de una compañía viene dado por el conocimiento que tenga una sociedad y su capacidad de organizarlo. Sin este elemento, todas las materias primas del mundo serían inútiles y no podrían producir nada.

Capital Social. Este cuerpo de conocimiento es el “Capital Social”, el motor de desarrollo y crecimiento de una sociedad, que debería ser considerado como un factor productivo, junto con otros considerados comúnmente como necesarios para la producción, como: las materias primas, el trabajo y el capital financiero. Está formado por la multiplicación del conocimiento de todos los miembros de la sociedad, y es una función recíproca de la división y especialización del trabajo. De hecho, el incremento de la división del trabajo conlleva el aumento del conocimiento colectivo, pero también el incremento de éste conlleva un aumento en la división del trabajo.

Crédito de Existencia. La remuneración del Capital Social, entendido como un factor de producción, justifica, en un plano teórico, el establecimiento de una renta básica, definida como Crédito de Existencia: todos los miembros de una sociedad tienen derecho a participar en la distribución de los ingresos resultantes del uso de un factor productivo en cuya formación participan todos, con independencia de la medida en la que lo hagan, dado que el capital no tendría objeto sin la contribución de todos; sin ese conocimiento, no sería posible ninguna actividad productiva. El Crédito de Existencia es un ingreso básico y, al ser una redistribución del Capital Social, genera una idea de igualdad social que no comporta niveles de diferencias y mérito individuales; dichas diferencias no se traducen en desigualdades económicas, sino que tienden a ubicarse, por sí mismas, en el nivel del reconocimiento social.

Crédito de Inversión. Es bien sabido que, según el multiplicador de Kahn y Keynes, la inversión de una suma conlleva un retorno de riqueza de entre dos y cinco veces lo invertido. La renta básica debe ser proporcional a la escala de las inversiones que se van haciendo en una sociedad y debe derivarse del efecto del multiplicador que toda inversión produce en una sociedad.

Una parte de cada inversión se destina a remunerar los factores de producción y el riesgo de la empresa, pero otra parte debe remunerar el Capital Social. En la actualidad, sin embargo, esta parte se destina a la especulación financiera, en una espiral descendente que no puede tener fin, porque el interés del capital monetario siempre tiende a crecer, y para saldar el pago de aquél, se debe generar más deuda que, a su vez, incrementará el coste del interés del capital total.

El Crédito de Existencia no reemplaza el ingreso por trabajo, pero lo complementa; y su determinación debe tender hacia una cantidad, al menos, suficiente para subsistir, de forma que todos puedan tener los medios y el tiempo requeridos para desarrollar su talento y su creatividad. Sólo estimulando la creatividad y liberando, al menos en lo relativo a las necesidades vitales, el ingreso necesario por trabajo, se puede obtener un incremento del Capital Social.

La creación de dinero sobre la inversión debe seguir un criterio estrictamente automático. Esto evita que la gestión del crédito se transforme en un poder discrecional que resulta absolutamente dañino, tanto si se gestiona según un criterio político, como si, en su lugar, lo realizan técnicos que, a través del mismo, consiguen un enorme poder.

El Capital Social puede expresarse con un número que coincida sustancialmente con el total de la masa monetaria o como una parte de ella. Por supuesto, esta coincidencia será mucho más precisa en un ambiente económico que emita dinero para la inversión; pero, incluso hoy, apenas podemos decir que, en esencia, la masa monetaria no-especulativa (p.e.: los distintos instrumentos financieros que cumplen una función monetaria salvo una parte substancial de los instrumentos derivados) coincide con el Capital Social. Podemos determinar la capacidad de crédito individual en función de la cantidad de masa monetaria de cada miembro de una sociedad. Una porción sobre la que todos puedan tener crédito y lo tengan cuando lo soliciten. Nosotros lo definimos como “Crédito de Inversión”. Esta capacidad crediticia puede ser transferida a una tercera parte, exactamente igual que ahora se pueden comprar acciones de una compañía en la bolsa de valores o en el momento de la constitución de una empresa.

Desde el punto de vista individual, cuando alguien pide un préstamo basado en su capacidad de crédito, éste se resetea y se reconstituye a medida que la persona devuelve el crédito obtenido.

En pocas palabras, una vez que la FAZ recibe una solicitud para llevar a cabo una actividad, crea el dinero necesario, emitiendo una suma destinada a la inversión (Crédito de Inversión) y, conforme al tiempo de realización de ésta, crea una suma correspondiente para distribuirla entre todos los participantes (Crédito de Existencia). Esta emisión está plenamente justificada en la ecuación de Fisher sobre inversiones, dado que un incremento en la actividad debe necesitar un incremento en la oferta de dinero.

No-Dinero. En la FAZ, el dinero se emite en forma de bonos a tasa negativa (TITAN). La masa monetaria se compone de diferentes instrumentos monetarios, y el papel moneda es sólo uno de ellos. Otra herramienta son los bonos. La propuesta para la FAZ es emitir bonos a tasa negativa, expresados en la moneda oficial existente en cada país (euro, dólar, yen, etc.). La emisión a tasa negativa tiene dos importantes consecuencias: la primera es que el dinero no genera deuda o interés, y la segunda es que desaparece del sistema a medida que los activos que ha ayudado a crear se quedan obsoletos.

El nivel de la tasa negativa depende de una función que se define por la tasa media de obsolescencia de los activos creados. La tasa negativa también previene la acumulación de capital financiero y promueve la máxima velocidad en la circulación del dinero (oxidación).

La pérdida de valor, a saber, de masa monetaria, es crucial para la creación de un dinero no escaso. Dado que la moneda expira de forma gradual y sale de la masa monetaria que decrece, se puede emitir dinero excedentario, operando, de hecho, un “gasto deficitario” keynesiano, sin crear deuda.

La imposibilidad de acumular dinero eliminará el problema de la trampa de la liquidez, que es uno de los que subyacen bajo la actual crisis financiera y la incapacidad de salir de la misma. Al mismo tiempo, desde la perspectiva de la ecuación de Fisher, la tasa negativa describe un ambiente económico que tiende a ser deflacionario, dado que la masa monetaria tiende a decrecer gradualmente y sólo crece para las inversiones. Si la creación de riqueza es mayor que el factor de two hypothesized, los precios deberían tender a descender, y esto podría justificar futuras emisiones de dinero para el Crédito de Existencia.

Este ambiente hace razonable la Ley de Say, dado que cada emisión de dinero destinada a la inversión va acompañada de una emisión para el consumo y, por lo tanto, favorece su colocación. Mientras los bonos ordinarios a tasas positivas se emiten como préstamos para financiar al emisor y, por tanto, deben devolverse a su vencimiento, las bonos a tasas negativas, como al final carecen de todo valor y, por tanto, el emisor no tiene que reembolsar el principal, pueden otorgarse de forma gratuita, al tiempo que siguen siendo dinero “oficial” en circulación en todos los sentidos, dado que, tanto las bonos como los billetes bancarios, son instrumentos de pago legales.

En el sistema actual, ha habido varias emisiones de bonos a tasas negativas. Los bonos convertibles generalmente tienen una fecha fija con una garantía negativa, en previsión de un fuerte incremento de las acciones que se van a convertir. Uno de estos préstamos fue emitido hace mucho tiempo desde el buffet Warren y asignado por más de mil millones de dólares en pocas horas. Otra emisión de bonos a tasas negativas tuvo lugar en 2001, por la Société Générale, en yenes, ante una expectativa de deflación en Japón que reduciría los precios de los bienes en mayor medida que las tasas negativas aplicadas.

Tras los pasos del WIR. En los años treinta, un grupo de empresarios suizos, para hacer frente a la crisis de 1929, que puede ser comparada con la actual -con una tasa de desempleo del 50% y una dramática escasez de liquidez-, decidieron empezar a imprimir dinero. Eran dieciséis, en 1934. Crearon un tipo particular de dinero que no podía acumularse porque era sancionado con una tasa negativa -una “oxidación”, como nosotros lo expresamos en términos técnicos-, de manera que, pasado cierto tiempo, perdía por completo su valor.

Lo llamaron WIR, abreviatura de “Wirtschaftsring”, que en alemán significa “círculo económico” y también “nosotros”.

La asociación se hizo con las deudas irredimibles de los miembros -que son fracciones del Capital Social-, y les dio a cambio su equivalente en moneda WIR, con la que los miembros podían hacer pagos únicamente dentro del círculo WIR. En pocos meses, los miembros asociados se convirtieron en miles.

El WIR contribuyó a la recuperación y la estabilidad de la economía suiza durante esos momentos difíciles. Luego, la experiencia continuó durante el periodo de postguerra y, en un momento dado, la asociación se había convertido en un banco. Tuvo que abandonar la tasa negativa debido al dictado del Banco Central Suizo, pero las operaciones todavía se realizan a una tasa de interés cero.

Actualmente, el círculo WIR cuenta con 65.000 compañías y, en 2011, había concedido préstamos por un montante total superior a los 18.000 millones de francos suizos. Nuestro proyecto quiere seguir los pasos del WIR, excelente para pequeñas y medianas empresas, con los ajustes y correcciones necesarios sugeridos por las experiencias pasadas, involucrando en el proyecto no sólo a las empresas, sino también a los miembros individuales y a los gobiernos.

Conclusiones. En conclusión, la FAZ es el camino más directo para construir una sociedad basada en un comportamiento solidario que no requiera sacrificios, en lugar de en el egoísmo individual. Es una herramienta que apoya la demanda agregada, resultando en la recuperación de la economía local real; no crea daño al sistema económico y financiero porque no afecta a la deuda y fomenta el desarrollo / la evolución de la cultura y la sociedad de redes.

El no-dinero es una medida que previene la acumulación de dinero y lleva a la gente a gastarlo para alimentar sus habilidades y, por tanto, su creatividad. Al final, el principal estímulo será la creatividad de los individuos y el logro de la ambición personal y de los objetivos colectivos. Usando la misma lógica que conduce el mundo del código abierto, la gente se unirá para trabajar en común, buscando la gloria personal y no el dinero, que pasa a convertirse en una mera unidad de cuenta. Será un largo y doloroso proceso remover de las mentes de la gente los dioses del dinero y su función salvífica. Pero, al final, el no-dinero tiene, esencialmente, esta función: si el valor ya no reside en las cosas, sino en la gente ¿qué sentido tiene mirar por el interés particular?

¿Cómo funciona la FAZ?

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